Mandala (o Mándala) es una palabra sánscrita que significa círculo. Pero este círculo no es un círculo sin más. Desde la más remota antigüedad, los círculos fueron considerados símbolos Sagrados, representando en sí mismo, la Geometría del Universo, el Microcosmos y el Macrocosmos.


El Espacio Sagrado (el centro del universo como soporte de concentración y emanación) es representado como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. En la práctica, los iantra hindúes son lineales (formas masculinas), mientras que los mándalas budistas son bastante figurativos (formas femeninas).

Existen varias formas de comenzar a crear un mándala. Estructurando tu Espacio Sagrado, o bien, dejando que el Universo, desde ese estado de autoconsciencia, ese círculo (o esfera), vaya emanando y creciendo a la vez que nuestro estado de atención. Personalmente prefiero este último método. Os dejo un vídeo donde podéis ver el desarrollo sencillo de un mandala.

Como véis, el mándala se desarrolla desde el folio en blanco (la Nada), el punto (consciencia Universal), sin marcas, ni guías, ni moldes en los que encajar. Crece con libertad, sin importar si es o no perfecto, manteniendo, en la medida de lo posible, una simetría. Y la armonía aparece por sí misma.

Poniendo toda nuestra atención, e intención, vamos cubriendo todo el Espacio Sagrado, en forma de expansión, siempre en crecimiento, en continua evolución.

A través de estos estados de consciencia adquiridos durante le creación, se activan tanto el hemisferio derecho del cerebro como el izquierdo al mismo tiempo. Es decir, tomamos consciencia de nuestra parte creativa, o creadora.

 


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