Ingeniero de formación, informático de profesión. Formador en Geometría Sagrada. Estudiante de Astrología y Cábala. Formado en Reiki Usui, radiestesia, digitopuntura, y otras técnicas energéticas, mi mayor fuente de conocimiento ha sido autodidacta, recorriendo el mundo metafísico desde el Hermetismo a la Teosofía.


 

P.: ¿Desde cuándo aparecen los cuentos en tu vida?

X.M.: Desde edad temprana, he tenido fascinación por las formas, su simbología, y todo lo que ellas me hacían sentir, elevando mi mente hacia mundos llenos de vida. En aquel entonces le llamaba imaginación. Más tarde entendí que, a través de las formas y la energía que emiten, mi conciencia conectaba con algo que estaba por encima de mí, y ahí comenzó un camino lleno de aventuras, una relación conmigo mismo y mis emociones de eterno amor y continua lucha de supervivencia.

P.:¿Y cómo llegan los cuentos, cómo llegas a conectar con ellos?

X.M.: Supongo que como al resto de los niños. Mi madre me contaba cuentos cuando era bien pequeño. Pero también escribía los suyos propios, y los interpretaba en un teatro de guiñol que ella misma montaba para entretener a pequeños y adultos. Jamás me leyeron un cuento. Pero siempre me los estaba contando e interpretando. En los cuentos siempre veía símbolos, mensajes no visibles, los relacionaba con situaciones reales que yo mismo podía vivir. Podía meterme en esos patrones a nivel psíquico, aunque la realidad fuera bien distinta.

P.: ¿Cómo relacionas la Geometría y los Cuentos?

X.M.: Los cuentos, clásicos o no, pueden alcanzar los tres estados de nuestro Ser, siempre que dispongan de lo necesario para ello. Estos estados de consciencia son: Cuerpo, Psique y Espíritu (o Cuerpo, Mente y Alma). Cada estado es accesible a través de caminos distintos, y todos están sujetos al cuento mismo. Para que el cuento tenga eco en el cuerpo físico, es necesario el cuerpo mismo del texto.

P.: ¿Qué han significado los cuentos para ti?

X.M.: Para mi han sido la base mágica de mis sueños, de mis inquietudes, de mi aprendizaje. La aceptación de un destino, el cambio a través de la voluntad, el coraje, la perdición, el avance, la amargura… fueron todo un vademecum emocional que me hacía conectar con lo más profundo de mí. Me hacían creer en los sueños. En que esos sueños podrían realizarse. Que no existe mayor muerte de consciencia que la que produce la ociosidad del alma. Recordemos que la palabra alma deriva de la voz latina ánima, “soplo vital”. También adquiere el sentido de “vida”, de ahí que llamemos inanimado a lo que está carente de vida, y animal a aquel que posee una vida evidente. Los cuentos adquieren esa ánima o alma, que les proporciona una vida propia, que hace que su magia sea eterna y quede perpetuada en nuestra conciencia.

P.: ¿Los cuentos son sólo para niños?

X.M.: Para nada. Aunque reconozco que en mi crisis de crecimiento, abandoné el mundo de los sueños y los cuentos con la avanzada edad de 8 años, porque “ya no era un niño”, y quería ser aceptado como un adulto.

Cuando la factoría Disney retomó sus cuentos en la gran pantalla, yo tenía 16 años, creo, y me propusieron ir a ver La Sirenita. ¡Imagínate! Recuperé una gran parte de mi infancia, de mis sueños, de mi inocencia,… de todo aquello que una vez fui y quería preservar de alguna manera. Y cada cuento se quedó en mí, a modo de enseñanza.

P.: ¿Qué aportan los cuentos a los niños?

X.M.: Los cuentos aportan al niño una poderosa herramienta de autoaprendizaje y empoderamiento, ya que los mensajes se alojan en una zona del consciente o incluso del subconsciente, de forma que pueden activarse paquetes de memoria en determinadas circunstancias favoreciéndoles en su desarrollo, en su forma de relacionarse con el ambiente que le rodea, incluso en su proceso de toma de decisiones.

P.: ¿Y a los adultos?

X.M.: A los adultos nos permite reconocernos como ni- ños. Regresar a un estado en el que revivir sueños e inquietudes de la infancia. Recordar cómo éramos para poder reconocer a nuestros hijos, y aportarles una guía desde nuestra posición como educadores. Si esto se consigue, además resulta una poderosa herramienta de crecimiento personal.

P.: Hablas de mensajes ocultos en los cuentos. ¿Qué tipo de mensajes, y quiénes los ocultaron?

X.M.: Todo lo que no es claramente visible, es velado a nuestro consciente. Es decir, puede ser interpretado a través del inconsciente. Muchos de los cuentos que han llegado a nuestros días, son variaciones de antiguas leyendas. Y éstas, son variaciones de antiguos mitos que han ido adecuándose a la época en la que eran narrados.

P.: ¿Puede haber diferencias a la hora de interpretar esos mensajes?

X.M.: Claro. Hasta el punto de no saber lo que es verdadero o falso. Pero teniendo en cuenta tan sólo el hecho de que las palabras tienen una vibración concreta, y que el cuento o la leyenda, también tiene su propia vibración, no todos serán capaces de transmitirnos la misma información, porque cada uno absorberá la vibración con la que se encuentre más afín.

P.: ¿Qué piensas de aquellos detractores de los cuentos clásicos?

X.M.: Pienso en cómo tuvo que ser su infancia para que no sean capaces de ver que, aquellos cuentos, tienen unas enseñanzas que van más allá de los papeles que representan. Exactamente como lo es fuera de los cuentos en el mundo real: vivimos representando unos papeles bajo este traje con forma de piel.

P.: ¿Cómo valoras la aportación que hizo Walt Disney sobre los cuentos de hadas?

X.M.: Para mí, lo que Walt Disney consiguió y a día de hoy su legado sigue consiguiendo, es ganarse un hueco en la memoria transgeneracional de la humanidad. En una época en la que cada vez se lee menos, en la que cada vez los padres usan menos su imaginación a favor de sus hijos, no pudo haber mayor acierto que plasmar, para niños y adultos, los mensajes en una pantalla gigante.

No podemos obviar que Walt Disney (1901 – 1966) fue un masón de grado 33 del Rito Escocés, y esto, aunque en España aún no esté socialmente aceptado, en otros países europeos es una muestra de honorabilidad. Belfort Nurnberg escribió «Blanca Nieves y el Simbolismo de la Iniciación” que dice lo siguiente:

[…] La Madrastra representa al mundo profano, con sus constantes ataques y maldad imperante, que pretende adueñarse de nuestro corazón. Blanca Nieves representa al iniciado que debe escapar de la malvada Reina y así empezar el proceso de la iniciación, que le permitirá encontrarse consigo mismo, llegando a identificar y reconocer a los siete pecados capitales, que son aquellos a los cuales nuestra propia naturaleza humana está principalmente inclinada, estos están simbolizados por los siete enanitos. […]Belfort Nurnberg
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Taller El Mensaje Oculto de los Cuentos - Xavi Madrid

Taller El Mensaje Oculto de los Cuentos – Xavi Madrid

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